La cal grasa, cuyo origen se remonta al inicio de la historia de las civilizaciones, es por su naturaleza y versatilidad uno de los materiales más nobles que ha empleado el hombre en la construcción y en la arquitectura.


Siempre se empleó como mortero de enfoscado, para revocos y enlucidos, para esgrafiados y en el arte de los estucos al fuego imitando mármoles, así como para pinturas al fresco, en las épocas griega, romana, medieval, renacentista y barroca.


Las referencias más antiguas de utilización de la cal, sin mezcla de yeso, datan del año 2600 a.C. en la pirámide de Keops en Egipto. En la civilización cretense minoca (2000-1500 a.C.) se usa la cal, generalizándose su uso en la Roma Imperial, donde su modo de empleo, propiedades y características aparecen descritas en el primer tratado “De arquitectura” de Marco Vitruvio (13 a.C.).